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Frank Gehry, catacresis de arquitectura

Museo de la Biodiversidad en Panamá

La obra de Frank Gehry es deliberadamente singular. Se declara a favor de la representación de un ambiente confuso y disgregado que refleja su propia visión de la ciudad. Sus edificios refrendan esos caracteres mediante el montaje de elementos disimiles, fragmentados, decorativos, ajenos a cualquier orden establecido. Se vale de ambigüedades visuales, colores y texturas para componer el objet trouvé que identifica su particular lenguaje. Es decir, lo que parece una actitud ingeniosa por articular elementos de la vida cotidiana, es en realidad el uso manipulador de esos elementos para transformar cada edificio en un panfleto reconocible para una sociedad ávida de consumo.

Esta idea de arquitectura se cristaliza textualmente en su reciente trabajo para el Museo de la Biodiversidad de Panamá. Gehry plantea esta obra alejada de cualquier referencia. Sobre un terreno irregular monta una estructura de planos agrupados, irregulares y coloridos que dice representar la espontaneidad de las fuerzas naturales, pero que en realidad pone en evidencia el objetivo de quienes formalizaron el encargo, que buscan captar la atención de los turistas erigiendo un objeto atípico, llamativo y polémico. Para este menester, la obra de Gehry es exacta.

El museo es un objeto indeterminado. Por fuera, visto desde cualquier ángulo, el edificio plantea una incertidumbre concluyente. Un sendero introduce al visitante desde la calle hasta un sitio que formula una clara ambigüedad para acceder al edificio: ingresar por debajo de los apilamientos coloridos al patio de planta baja o a través de una escalera a la circulación del primer nivel. Otros accesos sin jerarquía se encuentran en varias partes del perímetro, y dos rampas opuestas atraviesan el atrio central uniendo la bahía con el canal.

En el interior, el museo se focaliza a partir de un espacio central de planta cuadrada, establecida como una plaza pública que vincula espacialmente los dos niveles. Cuatro columnas de hormigón elevan la cubierta a 30 metros del suelo, para dar jerarquía de la plaza por sobre el resto de las salas. Una serie de estructuras etéreas solidarias construye la base de sostén de los planos de colores desordenados que completan la cubierta.

El patio central se constituye como espacio de intercambio. Sobre su extensión se distribuyen 16 columnas que muestran las relaciones entre la actividad humana y los escenarios naturales de Panamá. Confluyen radialmente en él ocho galerías que en acuerdo con el contenido que alojan, aunque varias salas repiten el carácter caótico del exterior.

La forma radial del museo obliga al visitante a volver al patio para ingresar a cada sala. La más cercana al acceso, la “Sala de la Biodiversidad” está dominada por un plano transparente que permite visualizar desde la calle la actividad interior; “La rampa de la vida” muestra la abundancia y variedad de vida de la tierra; “Panamarama” es un espacio de proyección de tres alturas; “Construyendo el puente” exhibe rocas de 14 metros de altura que representan las fuerzas de la tierra que formaron el istmo; “Océanos divididos” muestra en dos acuarios semicilíndricos la evolución de las especies después de producirse la división del mar; “La Sala de la interdependencia” exhibe las formas de competencia de los seres vivos. Por último, “Panamá es el museo” muestra las relaciones entre la biodiversidad de Panamá y el mundo.

Panamá estaba constituido por un grupo de islas que hace tres millones de años se unieron producto de los procesos volcánicos para establecer la geografía actual. El museo de la biodiversidad representa este proceso.

Las características formuladas por el trabajo de Gehry establecen una atmosfera de incertidumbre innecesaria. Las formas instituidas cristalizan una imagen escultórica cuya única finalidad asequible es acrecentar la confusión del ambiente urbano. La variedad de tensiones y ambigüedades visuales que se producen en el interior del museo dificultan la atención sobre los elementos expuestos, exégesis de una informalidad que solo se justifica en la obsesión de imponer una condición particular a la obra.

Por último, teniendo en cuenta las características narradas del museo de la biodiversidad de Frank Gehry, podemos concluir sobre esta obra que la denominación de arquitectura es sólo una catacresis.

©Marcelo Gardinetti

Fotografías: © Fernando Alda

Cite: Gardinetti, Marcelo «Frank Gehry, catacresis de arquitectura» marcelogardinetti.wordpress.com 6-02-2013 https://wp.me/p1eMNs-fe

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