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Hopper, halcones solitarios

Nighthawks, Edward Hopper, 1942

Edward Hopper es un narrador de la soledad. Sus pinturas retratan el agobio y la introspección de la vida urbana, donde habitan seres insociables y silenciosos. Aunque su trabajo es calificado como realismo expresivo, su obra es casi surrealista. Sus pinturas enmarcan seres de un tiempo inmóvil de la vida neoyorkina1. Estos personajes se encuadran en el interior de la obra mostrando sus quehaceres diarios, sin pensar en un posible espectador. Es eso lo que los hace cercanos, se pueden relacionar con nosotros (Balduque, 2013,32)

Argan define a Hopper como un realista sin ideología, un primitivo sin falsos candores cuya extraordinaria fuerza de caracterización y cuya desesperada sensibilidad de la desolación del mundo de las metrópolis norteamericanas se traduce en una narración figurativa de gran eficacia (Argan, 1998, 479).

Las obras de Hopper pactan una relación armónica entre el espacio exterior y el interior. Esta dicotomía tiene un papel tan esencial como la de espacio-tiempo. Lo que se percibe es un casi matemático contraste entre el exterior y el interior, en donde la importancia del tiempo es capital máxime cuando esta asistido por la luz característica de la propia naturaleza, que se adentra evidenciando el contraste con el edificio construido por el hombre (Birlanga, 2018, 413).

El pensamiento es lo que caracteriza las obras de este gran autor. Las estancias en las que se desarrollan las acciones que plasma, son una muestra del pensamiento de la figura retratada. ¿Quién es el retratado? Es algo secundario, algo que no nos llama la atención hasta pasados unos minutos. Sin embargo, al analizar la obra, parece que nos incita a saber más sobre el personaje y sobre lo que le lleva a mostrarse con una actitud pensativa y meditabunda2.”

Ese enfoque ayuda a definir la cualidad intrínseca de sus personajes. Hopper no busca una similitud realista de las personas, su objetivo es captar su carácter emocional. Un misticismo que es sustancial “Automat3”. Lo mismo ocurre en obras tan variadas como “Chop Suey”4, “Compartment C Car5” o “Cape cod evening”. Escenas en lugares de tránsito donde los personajes exponen un enigma de incomunicación. Hay una comunicacion complice entre el representado y el espectador: si el personaje mira hacia fuera, con ello parece conminarnos a que por el contrario nosotros dirijamos nuestra mirada hacia sus adentros (Birlanga, 2018, 413).

Nighthawks, los halcones solitarios

“Estaba oscureciendo. El alumbrado se encendió al otro lado de la ventana. Los dos hombres sentados a la barra leyeron el menú. Nick Adams los observaba desde la otra punta de la barra. Estaba charlando con George cuando entraron6

En “Nighthawks”, sin embargo, esa cualidad expresiva es reformulada cuando Hopper pone al espectador fuera de la escena. Cuando mira hacia adentro somos nosotros los que rastreamos en ese afuera algo que cierre el contrapeso de la representacion. Por eso en Hopper el cuadro —y la experiencia estetica que procura— va más alla de lo representado (Birlanga, 2018, 413).

Esta obra fue concebida días después del ataque a Pearl Harbor, y es probable que esa circunstancia haya influido en el ánimo que Hopper imprime en la obra.

En la inminencia del anochecer, Hopper retrata sus personajes en el interior de un bar; son habitantes taciturnos en un espacio casi vacío; figuras resignadas a un destino incierto, ajenas a lo que pasa en el exterior7.

Inspirada en una historia de Hemingway8, las personas están próximas entre sí, pero no interactúan. La opresiva carencia de narrativa promueve en esta obra una condición atemporal. La luz interior enfatiza el contraste con la atmosfera urbana que transcurre en el exterior del bar. El uso de la luz y la manera en que Hopper ubica los personajes y los objetos en el espacio ejerció su influencia en varios trabajos cinematrográficos9.

 “La comprensión de Hopper sobre las posibilidades expresivas de la luz jugando con formas simplificadas le da a la pintura su belleza. Las luces fluorescentes acababan de entrar en uso a principios de los años 40, y el restaurante nocturno emite un extraño resplandor, como un faro en la oscura esquina de la calle. Hopper eliminó cualquier referencia a una entrada, y el espectador, atraído por la luz, es excluido de la escena por una cuña de vidrio sin costura. Los cuatro anónimos y poco comunicativos búhos nocturnos parecen tan separados y alejados del espectador como lo están el uno del otro10”.

La ciudad no es el teatro de la ficción sino un paisaje sumiso. La tensión en la que Hopper dispone la relación interior–exterior acoge la rutina burlándola: no hay lugar para los hábitos, para la tranquilidad de la acción (Birlanga, 2018, 413). Josephine Nivison, la esposa de Hopper, describió con la escena de manera minuciosa:

“Noche + brillante interior de un restaurante barato. Artículos brillantes: mostrador de madera de cerezo + tapas de taburetes circundantes; luz en los tanques de metal en la parte trasera derecha; brillante raya de azulejos verdes de jade lienzo en cruz de 3/4 en la base de vidrio de la ventana curvada en la esquina. Paredes claras, puerta ocre amarillo apagado a la derecha de la cocina. Un chico rubio muy guapo vestido de blanco (abrigo, gorra) dentro del mostrador. Chica con blusa roja, pelo castaño comiendo sándwich. Hombre halcón nocturno (pico) en traje oscuro, sombrero gris acero, banda negra, camisa azul (limpia) sosteniendo un cigarrillo. Otra figura oscura siniestra detrás a la izquierda. El lado claro camina por fuera de color verdoso pálido. Casas de ladrillo rojo oscuro enfrente. Señal en la parte superior del restaurante, un cigarro Phillies 5c oscuro. Foto del cigarro. Fuera de la tienda, oscuro, verde. Nota: un poco de techo brillante dentro de la tienda contra la oscuridad de la calle exterior en el borde de la parte superior de la ventana11.”

El bar donde transcurre Nighthawks carece de entrada. La escena se muestra desde la calle. En su interior, se exhiben emociones de anónimos habitantes urbanos. De un protagonista que, “a diferencia de quienes han leído novelas, no se veía nunca a sí mismo como un personaje del arte12

Marcelo Gardinetti

Notas:

1 “Hopper era un hombre profundamente privado perdido en el mundo de su arte y su pasión por la lectura. Vivió en la ciudad de Nueva York durante la mayor parte de su vida adulta, sin embargo, es difícil encontrar un cuadro de Hopper en el que esta ciudad sea celebrada o amada, o presentada con algún optimismo. Mucho de esto surgió de sus observaciones de la vida social en Nueva York durante los años de entreguerras de la Prohibición y la Despresión; las huelgas, el desempleo, la protesta, la pobreza y los futuros inciertos tuvieron un profundo efecto en su visión de la ciudad. Hopper vio lo que le podía pasar a una ciudad cuando su crecimiento era explosivo, cuando su economía se derrumbaba, cuando algunos de sus habitantes se quedaban atrás y luchaban por dar sentido al mundo en transformación en el que vivían” Tom Slater, “Fear of the city 1882–1967: Edward Hopper and the discourse of anti-urbanism” Social & Cultural Geography, Vol. 3, No. 2, (2002) 141

2 Guiomar Balduque Méndez, “Representaciones de mujeres en la obra de Edward Hopper”, Universitat Jaume I, Máster en Investigación Aplicada en Estudios Feministas de Género y Ciudadanía (2013), 33

3 “Automat se exhibió por primera vez el día de San Valentín de 1927 en la apertura de la segunda exposición individual de Hopper, en las Galerías Rehn de Nueva York. En abril se había vendido por 1.200 dólares. El cuadro es hoy propiedad del Centro de Arte de Des Moines en Iowa. El cuadro retrata a una mujer solitaria mirando fijamente una taza de café en un autómata por la noche. El reflejo de idénticas filas de lámparas se extiende a través de la ventana oscurecida por la noche.” Automat, en “Edward Hopper, Paintings, Biography, and Quotes”, edwardhopper.net

4 En “Chop Suey”, Hopper se refiere explícitamente a las escenas de café tanto de Van Gogh como de Manet, mientras que simultáneamente las actualiza y las reubica en la América moderna. “Chop Suey” (Edward Hopper Op. Cit.)

5 Hopper también se interesó por los coches y los trenes. Es una lástima que no viviera mucho tiempo en la era del jet, aunque percibimos su sombra en muchas obras contemporáneas. El artista se sintió atraído por el estado de ánimo introspectivo en el que parece que los viajes nos ponen. Capturó la atmósfera de los vagones medio vacíos que se abren paso a través de un paisaje: el silencio que reina en el interior mientras las ruedas laten al ritmo de los raíles del exterior, la ensoñación fomentada por el ruido y la vista desde las ventanas – una ensoñación en la que parece que nos encontramos fuera de nuestro yo normal y tenemos acceso a pensamientos y recuerdos que pueden no surgir en circunstancias más establecidas. La mujer del vagón C del compartimento de Hopper de 1938 parece estar en tal estado de ánimo, leyendo su libro y cambiando su mirada entre el vagón y la vista. “Compartment C Car” (Edward Hopper Op. Cit.)

6 Ernest Hemingway, “Los Asesinos” en Cuentos, Ernest Hemingway (Argentina: Random House Mondadori S.A. [Lumen], 2012), 337

7 “Fue Vermeer quien orientó la representación de los estados de la intimidad hacia la manera que tene­mos de entenderla en la actualidad, relacionándola con lo interior: la subjeti­vidad de la intimidad se sitúa en un espacio privado vinculado al interior, en el que además, aparece el sujeto femenino en soledad y silencio, pasando ambas cualidades a ser características propias de lo íntimo a partir de este momento”. Marina Iglesias “Visiones de lo real” TFG, Facultat de Belles Arts de Sant Carles, Universitat Politécnica de Valencia (2014), 16

8 Los Halcones Nocturnos de Edward Hopper pintados en 1942 recuerdan el cuento corto de Hemingway “Los Asesinos”, que éste escribió en 1927 y que se publicó por primera vez en la revista Scribner’s Magazine. Hopper admiraba a Hemingway y se inspiró en su historia, pero se puede argumentar que ambos dominan con éxito la técnica de ocultar información a los lectores y espectadores, el estilo elíptico y la estética de la implicación. En sus obras artísticas, cada palabra o imagen cuenta. Ambos artistas ocultan y revelan sólo una mínima cantidad de información, creando una tensión tácita. Temáticamente, ambos representan “rebanadas de vida” en un tono seco y con medios económicos. “Nighthawks” y “The Killers” retratan a hombres y mujeres que son atendidos en un restaurante a última hora de la noche”. Gabriela Tucan, “Exploring Fragmented Worlds: Hemingway and Hopper” Linguaculture 9 (2018), 65

9 “Edward Hopper (1882-1967) fue un célebre pintor norteamericano que influyó en el cine de manera notable, tanto en su forma como en su fondo. Lo anterior se debe, principalmente, a la manera tan peculiar de utilizar la luz; pero también a sus composiciones, al acomodo que le brinda a los objetos y a las personas en los espacios, a las actitudes de sus personajes y al uso peculiar del color“  Carlos González García “Sobre la relación entre la pintura de Edward Hopper y el cine” Cultura inquieta, 17 agosto 2017 [culturainquieta.com, consultado el 27-06-2020]

10 Nighthawks en Art Institute Chicago, sitio web. [artic.edu]

11 Josephine Nivison, Nighthawks, en “Edward Hopper, Paintings, Biography, and Quotes”, edwardhopper.net

12 “El señor Villari, al principio, no dejaba la casa; cumplidas unas cuantas semanas, dio en salir, un rato, al oscurecer. Alguna noche entró en el cinematógrafo que había a las tres cuadras. No pasó nunca de la última fila; siempre se levantaba un poco antes del fin de la función. Vio trágicas historias del hampa; éstas, sin duda, incluían errores; éstas, sin duda, incluían imágenes que también lo eran de su vida anterior; Villari no las advirtió porque la idea de una coincidencia entre el arte y la realidad era ajena a él. Dócilmente trataba de que le gustaran las cosas; quería adelantarse a la intención con que se las mostraban. A diferencia de quienes han leído novelas, no se veía nunca a sí mismo como un personaje del arte” Jorge Luis Borges, “El Aleph” (Buenos Aires: Debolsillo, 2014), 174

Bibliografía            

Argan, Giulio Carlo, “El arte moderno” (Madrid: Akal, 1998)

Balduque Méndez, Guiomar, “Representaciones de mujeres en la obra de Edward Hopper”, Universitat Jaume I, Máster en Investigación Aplicada en Estudios Feministas de Género y Ciudadanía (2013), 32

Birlanga Trigueros, José Gaspar, “El tiempo detenido, el tiempo suspendido…” El tiempo y el arte: reflexiones sobre el gusto IV Vol. 2, (2018), 409-418

Borges, Jorge Luis, “El Aleph” (Buenos Aires: Debolsillo, 2014), 174

Hemingway, Ernest, “Cuentos” (Argentina: Random House Mondadori S.A. [Lumen], 2012)

Mendieta Rodríguez, Elios, “El reflejo de la obra de Edward Hopper en las películas” Ángulo recto 9 (2017), 77-88

Slater, Tom, “Fear of the city 1882–1967: Edward Hopper and the discourse of anti-urbanism” Social & Cultural Geography, Vol. 3, No. 2, (2002), 135-154

Tucan, Gabriela, “Exploring Fragmented Worlds: Hemingway and Hopper” Linguaculture 9(2018), 65-80

Fotografías: Courtesy of EdwardHopper.net

©Marcelo Gardinetti. Todos los derechos reservados

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